El más popular, desde luego, es el madrileño, pero no hay que perder de vista el maragato (que se come al revés) y cuya cuna es la Maragatería en León, y más concretamente la localidad de Castrillo de los Polvazares dedicada casi en exclusiva a servir este plato, el montañés y lebaniego, con pequeñas variaciones, de Cantabria, la olla ferroviaria (con alubias en vez de garbanzos), el de Lalín, que ha hecho de su cocido y su feria una fiesta reconocida como de Interés Turístico Internacional, el andaluz que incorpora calabaza y habichuelas, el cocido de pelotas de Murcia y Almería, el gallego que también lleva grelos, la escudella, la olla podrida, el rasol la berza gaditana, los pucheros andaluces o valencianos, el pote asturiano...
En algunos sitios se comía hasta reventar.Tradición pagana de desenfreno, excesos carnales y festivos que el clero consentía a regañadientes en ocasiones y en otras con beneplácito, preocupándose más de las abstinencias y purificaciones que llegaban después con la Cuaresma y Semana Santa.En España la religión ya no tiene el peso de antaño, y unido a la no existencia de prohibiciones para comer lo que a uno le plazca, ha derivado en una importante pérdida de las costumbres y tradiciones gastronómicas, a pesar de ser esta una celebración que se festeja en todo el territorio nacional, y que en torno al mismo no son pocas las jornadas gastronómicas que se organizan.La rica culinaria carnavalesca está basada en platos y recetas singulares, de temporada, cuya ingesta está marcada en el calendario, e incluso parece obligatoria su degustación como algo ya tradicional y aceptado generalmente por todos, y que salvo excepciones se disfruta de año en año.
El tiempo que pasa y vuelve, retoma siempre a los comedores de Lhardy, a la intimidad del salón blanco y a la fantasía oriental, ensueños coloniales del comedor japonés, para seguir tejiendo la historia secreta de España pero, sobre todo, pasado y porvenir se funden en la luz indecisa del famoso espejo, donde nuestras imágenes conviven con las sombras de personajes que aquí se reflejaron y volvemos a encontrarnos con tantos amigos de la aristocracia, del arte y de las letras, ya desaparecidos.En el espejo del Lhardy, como decía Azorín, “nos esfumamos en la eternidad”, entramos y salimos del más allá.
Así como encontrarse en zonas geográficas de elevado valor natural y paisajístico.La consideración de este tipo de viticultura, también es aplicable a la que se realiza en pequeñas islas caracterizadas por dificultades estructurales y su aislamiento en un contexto estructural y socioeconómico poco propio para la rentabilidad de la empresa.En base a todo ello el Cervim, ha desarrollado, creado y registrado a nivel europea la marca colectiva VITICULTURA HEROICA, que aglutina a todos los elaboradores asociados de los territorios europeos.Con el fin de promover, difundir y salvaguardar las producciones realizadas el Centro organiza desde el año 1997 el “Concurso mundial de vinos extremos”, que consta de diferentes categorías basadas en las diferentes tipologías de los vinos amparados por la marca.En la actualidad, a fecha 2020, son 42 las zonas vitivinícolas europeas con bodegas asociadas al Centro que se abastecen de más de 250.000 explotaciones.